Una abogada colombiana demuestra que la verdadera riqueza se mide en solidaridad

Esta es la historia de cómo las limitaciones de un pueblo lejano de Bolívar (Colombia) se convirtieron en el motor para MANA, un organismo comunitario que hoy alimenta cientos de cuerpos, almas y esperanzas.

Yajanna Pupo y su familia nunca imaginaron dejar su país. Y sin embargo, la violencia tiene una manera brutal de reescribir destinos: el asesinato de su padre quebró su vida. Abogada y especialista en Derecho Administrativo, con su propio bufete en Barranquilla y dos hijas pequeñas, había trabajado por alcanzar grandes anhelos: integrarse a la rama judicial y expandir su proyecto profesional. Pero esas oportunidades que tanto soñaba nunca llegaron.

En medio de ese panorama, una palabra comenzó a resonar con fuerza: Canadá. La decisión de migrar fue tomada por ella y su esposo desde un lugar doloroso: la desigualdad, la violencia, la certeza de que en Colombia el futuro de sus hijas sería siempre una apuesta incierta.

Llegaron a Montreal con dos niñas y, años más tarde, tuvieron un tercer hijo. La ciudad los recibió con frío, con un idioma desconocido, con una soledad que pesa como el invierno. Pero Yahana traía algo que ninguna frontera puede detener: la memoria de su pueblo.

Madrid, Bolívar: donde la escasez enseña a dar

“Cuando pienso en Madrid, Bolívar, pienso en paz, mis raíces, mis orígenes, mi cultura”, imagina Yajanna. Y es esa paz la que sostiene todo lo que ha construido en Montreal.

En Madrid, si alguien moría y no tenía dinero para un ataúd, la comunidad entera salía a aportar lo poco o lo mucho que tenia No había excusas. Había solidaridad. Su madre fue profesora durante 40 años en ese pueblo sin carreteras pavimentadas, sin acceso a servicios públicos. Su esposo caminaba largas horas para llegar a la secundaria. Y aun así, nadie se quedó quieto.

“Eso hace parte de mi esencia”, reflexiona Yajanna. “El servicio, la colaboración, pensar en el otro. Eso lo aprendí allá, en medio de todas esas limitaciones”.

Fue precisamente esa esencia la que la impulsó a crear la Maison d’Accueil des Nouveaux Arrivants- MANA, cuando descubrió que en Île-des-Soeurs, uno de los mejores barrios de Montreal, había familias migrantes viviendo en silencio, perdidas en un mar de trámites, idiomas y códigos culturales que nadie les explicaba.

 

Un barrio rico con familias invisibles

El mayor desafío de MANA no fue la falta de recursos. Fue convencer a la gente de que en un lugar donde se construyen condominios de millones de dólares también existe la vulnerabilidad.

“La gente pensaba: ¿por qué pides ayuda para Île-des-Soeurs si ahí viven los más ricos?”, explica la fundadora del organismo. “Y yo les decía: sí, pero también hay familias que no saben cómo inscribir a sus hijos en el centro educativo o niños que no tienen ropa de invierno”. 

La vulnerabilidad del migrante no es solo financiera. Es cultural, emocional y lingüística. Es no saber usar una plataforma escolar. Es pagar de más en el supermercado porque no conoces las alternativas. Es tener un doctorado y sentirte perdido frente a un formulario en francés.

MANA nació para cerrar esa brecha. Al principio tenía el propósito de orientar. Pero la pandemia cambió todo y, en el 2019 , la Ville de Verdun convocó a un comité de emergencia que tal estrategia permitió expeandir la misión y visión del organismo.

88,176 kilos de esperanza

Hoy, MANA opera una banca de alimentos que distribuye 100 mercados cada lunes en la iglesia Joan Bourgoin, además de entregas móviles en cégeps, centros de francización y otros puntos de la ciudad como Verdun, Saint-Laurent y LaSalle. Entre 2023 y 2024 distribuyeron 88,176 kilogramos de comida. Entre 2024 y 2025 entregaron 5,387 canastas.

Pero MANA es mucho más que comida. Es un espacio de acogida personalizada y apoyo integral entre acompañamiento escolar hasta formaciones en primeros auxilios con la Cruz Roja, en restauración con MAPAQ y en mediación intercultural con la Ville de Montréal. 

“Ayer recibí una llamada de una enfermera que me dijo: ‘Gracias, Yajanna. Después de siete años, ya estoy en la orden profesional'”, cuenta emocionada. 

Esos siete años no fueron fáciles. Pero fueron necesarios. Porque el problema del inmigrante, y de la vida moderna, es la inmediatez. Queremos ser ricos rápido, estudiar rápido, conseguir trabajo rápido. Y olvidamos que en el camino también hay aprendizajes.

El legado de una mujer visionaria

Esta hermosa mujer trajo consigo algo que ningún título profesional puede enseñar: la convicción de que siempre hay algo que dar, incluso cuando crees que no tienes nada.

“Soy católica y creo que servir a los demás siempre será una satisfacción”, dice con sencillez. Pero detrás de esa frase hay batallas ganadas en salas municipales, presentaciones a donadores escépticos, noches de insomnio organizando entregas, días enteros llenando formularios para mantener los programas vivos.

Actualmente MANA tiene 800 familias registradas.

La bolivarense no trabaja sola: lidera un equipo comprometido que comparte su visión. Y aunque los desafíos siguen como: la disminución de la migración a Quebec, la necesidad de conservar los programas y la falta de financiamiento privado, ella sigue adelante.

Su sueño: un local con cocina colectiva, un restaurante comunitario para socializar, programas de reorientación profesional, empoderamiento de jóvenes, formación en carreras emergentes. Consolidar a la comunidad latina en Quebec, que ha crecido pero aún no encuentra cohesión.

Gratitud en tiempos de hispanidad

Desde Americanos Magazine queremos agradecer públicamente a Yajanna Pupo por recordarnos que ser latino no es solo bailar, comer o hablar español. Ser latino es llevar la solidaridad en la sangre. Es convertir el dolor en acción. Es no olvidar de dónde vienes, aunque ya no puedas volver.

Así como Yahana extiende  también un agradecimiento al arrondissement de Verdun, a Moisson Montréal, a Jean Coutu, a la Cruz Roja, a MAPAQ, a la Ville de Montreal, a cada donador, voluntario y aliado que ha hecho posible que MANA siga de pie. “Ustedes son parte de esta historia”, puntualiza. 

Y a las mujeres migrantes que leen esto, Yajanna ofrece otro mensaje: “No se culpen. El proceso migratorio es familiar, pero también es personal. Tómense el tiempo de mirarse hacia adentro. Ustedes cumplen un papel fundamental. No se nieguen la posibilidad de seguir creciendo”.

Hace más de una década, Yajanna cerró la puerta de su casa en Madrid, Bolívar, con el corazón roto. Hoy abre las puertas de MANA para que cientos de familias encuentren un hogar en Montreal.

 

Escrita por: Laura Espinosa