Por Carlos Mario Cortés Rincón | Columnista de Ser y Estar – Culture en espagnol /
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¿Qué son las costumbres y cómo nos definen como sociedad?
Hablar de costumbres es referirse a prácticas, usos y rutinas que distinguen a un grupo social de otro. Como formas de actuar propias del ser humano, las costumbres se convierten en repeticiones —conscientes o inconscientes— que integran la memoria colectiva de los pueblos.
Transmitidas mayormente a través de la oralidad de una generación a otra, las costumbres se valoran como buenas o malas según las convenciones sociales de cada comunidad, no por normas escritas, sino por procesos de aceptación o negación construidos colectivamente. Ya en la Grecia clásica se hablaba del Ethos —palabra griega que significa conducta o costumbre— para referirse al carácter ético que debía guiar el comportamiento individual y social.
Costumbre vs. tradición: una diferencia clave que debemos conocer
Aunque con frecuencia se usan como sinónimos, costumbre y tradición son conceptos distintos. La palabra tradición proviene del latín traditio, derivado del verbo tradere, que significa transmitir o entregar. Es así como los grupos humanos se transfieren mutuamente el acervo cultural acumulado a lo largo de los siglos.
Las costumbres se aprenden, las tradiciones se heredan.
Las tradiciones representan el legado que se convierte en memoria viva: los niños aprenden de sus padres lo que estos aprendieron de sus abuelos, y así sucesivamente, a través de la escucha, la lectura, la observación y la experiencia. Mientras una costumbre puede cambiar con relativa facilidad, las tradiciones son los pilares culturales de los pueblos, depositarios de innumerables costumbres y saberes compartidos.
El cambio cultural: entre la adaptación y la resistencia
Con el paso del tiempo, muchas costumbres evolucionan. Lo que antes se practicaba puede dejar de hacerse; aparecen nuevas necesidades, nuevos gustos y nuevas formas de comportamiento tanto en lo público como en lo privado.
Frente a influencias culturales externas, la adaptación social se vuelve inevitable. Sin embargo, este proceso no siempre es pacífico: en muchos grupos sociales conviven quienes apoyan los cambios y quienes los rechazan, generando tensiones no solo entre ciudadanos, sino entre gobernantes y comunidades cuando se busca transformar prácticas que ya forman parte del patrimonio cultural de un pueblo —como fiestas, ceremonias o ritos ancestrales.
Por eso, antes de cambiar por cambiar, es fundamental abrir diálogos comunitarios para reflexionar juntos sobre qué debe transformarse, por qué, y qué debe preservarse porque sigue siendo vigente y necesario.
¿Qué hace viva a una tradición? La emoción que la sostiene
El reconocimiento y la vigencia de una tradición no dependen de su simple repetición, sino del convencimiento y la emotividad con que esas experiencias son vividas. Un ejemplo claro es la Navidad: con los años, muchos de sus rituales originales fueron reemplazados por elementos comerciales, diluyendo su esencia.
Cuando las personas cambian sus creencias, intereses y prioridades, las costumbres y tradiciones pierden fuerza. Si se pierde el entusiasmo —ese acento que le ponían los abuelos— las tradiciones se transforman o desaparecen. Creer en lo que se hace es lo que mantiene viva la herencia cultural.
“Al pueblo que fueres, haced lo que vieres”: tradición y respeto intercultural
El obispo san Ambrosio de Milán (siglo IV d.C.) pronunció una frase que cobra hoy más vigencia que nunca: “al pueblo que fueres, haced lo que vieres.” Su mensaje era simple: al visitar territorios distintos al propio, es necesario respetar los comportamientos, creencias y prácticas de quienes allí habitan, evitando conflictos derivados de la diferencia.
En un mundo globalizado, donde viajar y conocer culturas antes lejanas es cada vez más accesible, este principio resulta esencial. Descubrir costumbres y tradiciones distintas —aunque extrañas o incluso incómodas— es una invitación al respeto por la diversidad de los pueblos.
Tradición urbana y rural: la herencia cultural está en todas partes
Aunque suele asociarse a los entornos rurales, la tradición existe en todos los grupos sociales, tanto urbanos como rurales. En las ciudades también hay expresiones profundamente arraigadas, muchas de ellas traídas desde los pueblos.
Existen tradiciones locales, municipales y nacionales que responden a pautas de convivencia consideradas dignas de reproducirse y heredarse. Sin embargo, el gran desafío del mundo posmoderno es que las ideas son hoy tan efímeras como cambia la tecnología: pocas veces se detiene a valorar lo tradicional.
Los pueblos luchan para que las futuras generaciones defiendan y den continuidad a ese legado cultural, porque en él reside su identidad más profunda.
Conclusión: la tradición como identidad y memoria viva
Las costumbres y tradiciones no son simples repeticiones del pasado. Son la expresión viva de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir como comunidad. Aprender a distinguirlas, respetarlas y transmitirlas con emoción genuina es una responsabilidad colectiva que cada generación debe asumir.
“Las tradiciones son los moldes de los pueblos.”— Carlos Mario Cortés Rincón
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