Cuando hablamos de estrés laboral, solo pensamos de inmediato en la carga de trabajo, los plazos de entrega o las exigencias de desempeño. Sin embargo, para muchas personas inmigrantes, el estrés laboral forma parte de una realidad más amplia: la de las numerosas adaptaciones que implica establecerse en una nueva sociedad.
En Quebec, la Ley 27 recuerda la importancia de prevenir los riesgos psicosociales en el entorno laboral. Desde esta perspectiva, es fundamental reconocer que la migración no constituye, por sí misma, un riesgo psicosocial. Son más bien los múltiples ajustes que conlleva (aprender un nuevo idioma, comprender una nueva cultura, reconstruir una red social o lograr el reconocimiento de las propias competencias) los que pueden aumentar la carga mental y emocional cuando se suman a las exigencias del trabajo.
La cultura influye en nuestra manera de comunicarnos, pedir ayuda, resolver conflictos e interpretar las normas implícitas. Cuando una persona cambia de país, no solo descubre un nuevo territorio, sino también nuevos códigos sociales que debe comprender. Este proceso de aprendizaje requiere una importante capacidad de adaptación, tiempo y energía, y puede afectar la confianza en sí misma. Un entorno que favorezca la integración y el desarrollo de nuevos puntos de referencia puede contribuir a facilitar esta transición.
La expresión “empezar de cero” se utiliza con frecuencia para describir la experiencia migratoria. Sin embargo, esta imagen no refleja plenamente la realidad. Las personas inmigrantes llegan con una historia, competencias, experiencias profesionales, conocimientos prácticos y perspectivas que constituyen una riqueza para las organizaciones. El desafío no consiste entonces en comenzar de nuevo, sino en crear las condiciones para que estos aportes sean reconocidos, valorados y plenamente aprovechados.
El idioma también representa un desafío para muchas personas. Buscar las palabras adecuadas, temer no ser comprendidas o sentir que deben demostrar constantemente sus capacidades puede convertirse en una fuente importante de desgaste. Esta presión, a menudo invisible, puede influir en el bienestar psicológico y en el sentido de pertenencias dentro del entorno laboral.
Desde una perspectiva de equidad, diversidad e inclusión, también es esencial reconocer que las personas inmigrantes no cuentan todas con los mismos recursos, redes de apoyo o condiciones de instalación. Detrás de cada estatus migratorio hay una persona con su propia historia, desafíos y potencial.
Es por esto que, organismos comunitarios como la CITIM acompañan tanto a los lugares de trabajo como a las personas inmigrantes mediante formaciones relacionadas con la comunicación intercultural, los sesgos inconscientes y la prevención de los riesgos psicosociales, con el fin de contribuir a entornos de trabajo más inclusivos y seguros.
Invertir en la inclusión también es invertir en la prevención. Al reconocer los desafíos asociados a los procesos de integración y crear entornos laborales donde cada persona pueda contribuir plenamente, las organizaciones favorecen no solo la salud psicológica de las personas inmigrantes, sino también el bienestar, la colaboración y el desempeño de todos los equipos.
Nathalia Ramirez
Coordonnatrice, formadora del programa Santé et Sécurité au Travail (SST)
www.citim.org